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Mi
perro baila flamenco.
José Marcos, EL PAÍS,
martes 9 de enero de 2007 La
situación es cotidiana: una llave que gira dos veces, una puerta
que se abre, alguien que llega agotado del trabajo y el saludo
acostumbrado:
-¡Hola, Lucas! ¿Qué tal?
El referido no es el padre, el hermano, el amante o el
confidente. Es un gato ramplón de 16 años y la confirmación de
que según datos de la American Animal Hospital Association, el 78%
de los dueños de mascotas saludan en primer lugar a su animal
favorito que a su pareja al llegar a casa. Tres cuartos de lo mismo
sucede en España, por lo que tampoco extraña que el negocio de los
animales de compañía mueva más y más euros. "Realmente es
un mercado con muchas posibilidades", afirma Almudena Show,
directora general de Ocilis, una cadena que engloba en sus centros
desde la consulta veterinaria de toda la vida a las peluquerías y spa
de última generación. "Esto no es al azar, es una idea muy
elaborada", añade Show en medio de ladridos de sus perros de
competición; "se hizo un estudio de mercado y adoptamos el
modelo de unas tiendas que hay por Nueva York".
Salones de belleza, balnearios donde eliminar el
estrés, clases de danza o de flamenco, representaciones teatrales,
perfumes de Garnier, trajes de Valentino... Los españoles apoquinan
una media de 500 euros al año en el mantenimiento de sus
compañeros de cuatro patas, una cantidad que puede subir hasta los
1.500 euros en función de la raza -si tiene pedigrí o es mestizo-,
la edad -los cachorros, como los críos, salen más caros- y los
caprichos... del dueño.
"Antes, la mentalidad era más cerrada, pero la
gente se está abriendo más. ¿Cómo le voy a comprar algo al
perro? ¡Si es un perro!, se decían. Ahora prueban ¿y sabe qué?
Siempre vuelven", asegura Alexis Bedoya, dependiente de de Pet
à Porter. Ubicado en un esquinazo fetén de una calle
céntrica de Madrid, la boutique que dispone desde elementos de
última generación, como sus piensos 100% vegetarianos, hasta
colgantes y collares diseñados por catalanes y prendas italianas.
También se ven vestidos con mucho rosa, o con las barras y las
estrellas. Por no hablar de las camas de diseño _con somier
incluido por 90 euros-, los premios de yogur o chocolate, los
cojines, siempre a tono con los muebles del salón o del
recibidor... "Hacían falta tiendas de éstas; Luna y Brutus
son de la familia", asevera Arantxa, que se las ha visto para
adivinar la talla de camiseta de las criaturas. "Es que se las
quitan si no las llevan ceñidas". Aranzazu refuerza sus
palabras: "Aquí hemos encontrado la solución para Urco,
nuestro pastor alemán. ¿Es que te viene con el aliento de osos y
te da una pena apartarle!".
¿Qué hay de las fragancias? Aparte de combatir la
halitosis, las hay afrutadas y de lo más chic, como la
línea de cosméticos galos Oh my cat! "Si yo me compro
algo exclusivo, ¿por qué no se lo compro a mi mascota?", es
la tesis de la promotora de la tienda.
Tras licenciarse como veterinaria, Elisa Reyna se trasladó un
tiempo a Londres, donde se le abrieron los ojos. Se dio cuneta de
que en España había un mercado virgen por explotar, donde sólo
existían pequeñas tiendas. Ninguna especializada en perros y
gatos, en un mercado con un potencial de quilates: según datos de
la fundación Eroski, en los hogares españoles habitan 13 millones
de perros, cinco de gatos, cuatro de pájaros y, a demás de peces,
hámsteres y derivados. Es decir, más de la mitad de los domicilios
cuentan con uno o más inquilinos que ladran o bufan, y que, como
uno más del linaje, requieren sus cuidados.
Por ejemplo, el baño y corte a un cocker ronda los 40
euros. No hay precios fijos: "Depende de si es a tijera o a
máquina, si es un carding... Un trabajo normal son unas dos
horas. Y, mientras, hacemos una revisión general del animal",
dicen en Ocilis. La hora de la verdad llega con los felinos.
"¡Los gatos se dejan hacer de todo hasta que llega el
agua!", ríen en la peluquería, estructurada según los
principios armónicos del feng shui. Aunque hay algún perro
mal encarado. 2¡No me extraña que le halla mordido (al estilista).
Es como tener un hijo rebelde. ¡Si me muerde a mí, que soy su ama!
¡Con lo que me quiere!", se desgañita una clienta.
"Aunque no lo crea, esta profesión es muy estresante. ¿y si
algo sale mal? ¿Y si le hago una herida? Esto no es cortar y punto;
hay que ganarse la confianza del animal", asegura una
especialista.
El factor emocional vale su dinero, y los comerciantes
son los que mejor lo saben. "La filosofía de la mascota ha
cambiado. La gente dispone de menos tiempo para tener hijos, que
además suponen un fuerte desembolso de dinero. Hasta que se
deciden, el instinto maternal lo encauzan al perro o el gato",
considera Show.
Y hay mucha soledad. Mucha gente mayor que tiene un
perro como acompañante, que les obliga a salir todos los días y a
hacer amistades que de otro modo no harían. "A veces, a la
tienda vienen personas que han trabajado toda su vida, y lo único
que les queda es un perro o un gato. Ésa es su familia. El único
ser que les da cariño. Así que viene al mostrador y ya sabes lo
que piensan: ¿Cuánto es? Lo que sea. Uno hace igual con su
familia. Tienes un hijo y te desvives por él", apostilla
Bedoya.
Pero ¿hasta cuándo son de verdad uno más de la
familia? Cuando una mascota muere, la mayoría termina en la basura.
Con suerte, un servicio de recogida de la Administración se hará
cargo del cuerpo. a no ser que el dueño esté dispuesto a depositar
290 euros (IVA incluido) por enterrar a un perro o gato pequeño o
580, si el fallecido es un mastín o un rottweiler. "Al
principio se reían de nosotros, pero ahora ya es un servicio
normal", asiente Eduardo Birenbaum, trabajador de El Último
Parque, "la residencia definitiva de aquellos fieles amigos del
hombre que por esas cosas del destino han podido encontrar un bello
lugar de reposo". El único cementerio de animales de la
Comunidad de Madrid, abierto en 1983 en un pinar de Arganda del Rey,
ya cuenta con 4.000 tumbas. "Salvo un par de San Antonios
antiguos, no permitimos cruces ni imágenes religiosas de ninguna
clase. Para no herir susceptibilidades ni que se termine pareciendo
a un cementerio de humanos", abunda Birenbaum. Sí se ven fotos
enmarcadas y alguna que otra estatua, con los nombres de Perla
o Reflection en placas de mármol de distintos colores.
Sobrio, como cualquier empleado de funeraria que se precie,
Birenbaum organiza la recogida y sepultura de los cuerpos. "No
es una ceremonia", aclara. La manutención de la fosa cuesta
49,50 euros anuales.
Pese a todo, aunque estén rodeadas de riquezas, las
mascotas pueden caer en la depresión: el 6% de los perros y gatos
australianos toma antidepresivos. "Será por el ritmo de vida
occidental", sentencia Iván Blanquer, dueño de Ghost,
un chucho, y Mini, un "Bastardillo callejero".
"Pero que conste que le quiero", puntualiza el dueño.
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