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Jaime Arce González. Veterinario clínico. Hace miles de años que el perro se ganó el calificativo de mejor amigo del hombre y como tal aparece en algunos anuncios, desde donde nos envía un mensaje subliminal de fidelidad y lealtad, sentimientos que despierta en la mayoría de nosotros y que los publicistas esperan que hagamos extensivos al producto anunciado. Además cuando en un anuncio sale un perro, aparece también la figura de su dueño, lo cual añade un doble interés. Por un lado, todo aquel que tenga perro se verá reflejado en el anuncio y se identificará más fácilmente con aquello que se anuncia, primer paso para que lo compre, que es de lo que tratan todos los anuncios. Por otro lado, como es evidente que un perro da trabajo y gastos extras y como las otras cosas que da son menos evidentes, quienes nunca tuvieron perro, suelen pensar que las personas que tienen uno se complican la vida; por ello ven al dueño de un perro, incluido el del anuncio, como a alguien especial, capaz de complicarse, lo cual en cierto modo les parece admirable, tal vez por que intuyen algo que el dueño de un perro sabe bien, que una vida mas cómoda no es necesariamente más agradable. Así por ejemplo para muchas personas, tengan perro o no, en un anuncio de coches, una familia con perro les parece "más familia" que otra sin él, y por tanto su coche será también más familiar. De la misma forma que un hogar resulta más hogareño si en el salón, acompañando a la familia, hay un perro cómodamente tumbado. El señor se levanta, se pone la gabardina y sale de casa llamando a "coco", pero lo que hace "coco" es ir detrás, cerrar la puerta para que no haya corrientes y volverse al lado del radiador. Sin duda el señor es un pedazo de pan capaz de cambiar zapatillas por botas y salir a la calle con la que esta cayendo por pasear a su perro, que no se despega del radiador desde que instalaron el gas. Conclusión, un buen hombre y un perro zorreras no pueden equivocarse, esa calefacción es fenomenal. Una vez más la televisión nos presenta el mundo feliz al que podemos llegar a través de las compras, pero desde que a los publicistas les llamamos creativos, algunos anuncios desbordan creatividad hasta el punto de parecer que podemos llevarnos un coche por nuestra cara bonita o de que eligiendo la hipoteca adecuada podemos vivir en una mansión; por más que todos sabemos que no es así, igual que sabemos que una mancha de cereza no hay detergente que la quite, salga o no un perro en el anuncio. Licencias creativas al margen, resulta paradójico que se usen perros para vender cosas que no podemos ir a comprar con el perro, a esto se refería la pregunta del artículo anterior ¿por dónde pasean los perros de la tele? y me refiero a cuando termina el anuncio, por que en los anuncios van y vienen con toda libertad, entran en los sitios y hasta se alojan en los hoteles con sus dueños, cosas que en la realidad no suceden en nuestro país, donde tener un perro se esta convirtiendo en una heroicidad, donde es casi imposible salir de casa con él sin infringir alguna ordenanza municipal. A parte de que salir ¿para ir a dónde? si en la mayoría de las ciudades no existen sitios adecuados para pasear con un perro y tampoco se puede entrar con ellos en las tiendas, ni en los bares, ni en las cafeterías y menos aún en restaurantes y hoteles. A diferencia de otros países de nuestro entorno, donde si existen parques pensados para ir con perros, donde se puede entrar en muchas tiendas, bares, incluso restaurantes, acompañados del perro, y donde la mayoría de los hoteles los admiten, todo ello como es lógico, siempre y cuando hayamos enseñado a nuestro perro a comportarse y estemos pendientes de que no moleste a nadie. Sería estupendo que también aquí pudiésemos convivir con un perro sin tener que tomarnos más molestias que las lógicas e inevitables.
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